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Hay algo más temible que el dolor: un mundo sin él

Noticia   •   jul 15, 2016 09:00 CEST

¿Por qué unos lo sienten más que otros? ¿El del parto es insuparable? Todo sobre el lado oscuro (pero necesario) de nuestro sistema nervioso

Dolor. Basta que esta palabra pase un instante por nuestra cabeza para que nos invada una sensación negativa, y a poco que nos esforcemos recordaremos vivencias imborrables: aquel dolor de tripa que nos dejó literalmente doblados; una presión insoportable en la cabeza capaz de arrancarnos destellos luminosos o el lumbago que transforma en un acto heroico el mero hecho de levantarse de la cama. ¿Por qué existe el dolor? ¿Es realmente necesario? “Si bien surgió en la evolución como mecanismo biológico para la protección y supervivencia del individuo, hoy resulta en gran medida inútil, a excepción de su función inmediata de alerta”, opina Carlos Belmonte, presidente de la Sociedad Española de Neurociencias.

Pero "en gran medida" no significa "al cien por cien", pues resulta temible un mundo donde este no exista (recuerde el miedo que inspiraban los niños de la película Insensibles, que tenían inmunidad congénita al dolor; o el cruel Ronald Niederman –el gigante rubio-, de la segunda entrega de la saga Millennium) y puede ser una condena a muerte para los ‘escogidos’. “Los niños que nacen con un defecto genético que les impide sentir dolor mueren prematuramente”, advierte la doctora Concha Pérez, portavoz de la Sociedad Española de Dolor (SED), y “en otro tipo de enfermedades, como la diabetes, también está alterada la percepción del dolor, lo que puede causar importantes complicaciones (heridas, infecciones, etc.) que exijan la amputación de extremidades”.

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